23 may. 2009

Mutación

ES VUENA JENTE
Casi se me pasa el cole. Que suerte que llegué justo, sino el Mayor Guerrero se iba a enojar. Es un buen hombre. Cumple con sus responsabilidades. Pero es estricto, como se debe ser acá. Si no a uno no lo respetan. Igual creo que el otro día se le fue la mano con Alegre. El era nuevito y llegó tarde, que macana che. Le puso una trompada que no se la va a olvidar en su vida. Por eso me alegro de no llegar tarde.
EL TIEMPO PASA NOS VAMOS PONIENDO TIEZOS.
Por ahí se dice que me van a ascender. Realmente es una muy buena noticia. La verdad que necesito la plata. A veces cuesta llegar a fin de mes. Pero lo importante es que nosotros hacemos un laburo para la gente. Eso de que algunos lleguen tarde a trabajar me pone loco. ¿Acaso no saben el deber que tenemos?
PORQUE UN AMIGO ES UNA LUS.
Hoy mataron a Guerrero. Fue un día triste en la fuerza. Es injusto que lo hayan matado. La verdad que muchos se llenan la boca hablando de boludeces y boludeces. ¿Nosotros no somos personas acaso? Me da bronca pensar en que algunos nos odian. Con esta noticia es seguro que me ascienden. Necesito la plata.
EL MUNDO FUE Y CERA UNA PORQUERIA
Que estos pendejos hagan lo que quieran me da bronca. Parece que aprenden a los golpes nomás. Uno no quiere pegarles, pero no tiene otra opción. Hacen lo que quieren. No entienden lo que pasa. Parecen adolescentes.
BIENE DE AVAJO, PERO LO OLBIDA
Hoy hicimos cagar a un pendejo. Agrandado. Estos se piensan que nos van pasar por arriba. Los nuevos tienen la idea de que van a ser mimados. Están en pedo. Y al otro forrito de Guerrero, el hijo del Mayor, ya lo tengo en la mira. Me cuesta creer la diferencia con su padre

11 feb. 2009

Julián.

¿De que consistencia hablás Julián? Algo que es terriblemente inestable y finito no puede ser, por naturaleza, consistente. No seas payaso Julián. No te des tu cabeza de lamparita contra la pared. Golpeará muy fuerte y reventará. No creas que esto es bello. No, Julián. Es lo más desagradable que te ha pasado. De repente te han colocado en un cuerpo que no elegiste y con el cual estarás disconforme por lo que te queda de existencia. No existen los milagros, si esto no mejoró hasta aquí, tampoco mejorará mañana. Pero no Julián. Pasará por este camino lamentándote, llorando, si es que eres hombre, y cuando por fin llegues al final serás un agresivo que no puede, ni sabe hablar con la gente. Quedarás postrado y lo poco que te queda te visitará y te dirá "Pero que bien que se lo ve Don Julián"...son todas patrañas. Las peores blasfemias las escucha uno cuando ya se está por apagar. Es increíble que hables de consistencia Julián cuando tú mismo ves que esto apesta, repugna. Nunca tapes tus ojos, ellos se cerrarán solos, algún día Julián.

23 nov. 2008

La chica del gas

Siempre le hablaba. Pero ella sólo contestaba lo
necesario para no parecer antipática. Le preguntaba y le
preguntaba. “Sí”, “no”, respondía. Mariana era la chica más bella
de las chicas del mundo. Siempre la veía allí, cuando iba a pagar
el gas, los 15 de cada mes. Ella sólo me decía lo que tenía que
pagar. Nada más. Supe su nombre por que el cartel que colgaba
de su pecho izquierdo me lo indicaba. Mariana no estaba con
nadie. Mariana no hablaba con nadie.
El 15 de Agosto pagué una cuenta más de gas, y vi, una vez más,
a Mariana. Su rostro no era el mismo. Aquella mañana ella fue la
que empezó a hablarme. Salí tan contento que hubiese deseado
pagar las cuentas de gas de todo el mundo. Pero tenía que esperar
dos meses, por una nueva cuenta.
Allí estaba, el 15 de Octubre. Y volvimos a hablar. Y me empezó
a contar. “Mi vida es un fiasco” me dijo casi lagrimeando. Me
decía que estaba sola y deprimida. Yo sentía tantas ganas de
abrazarla, que no me importaba romper el grueso vidrio que nos
separaba.
En nuestros sucesivos encuentros me reiteraba la depresión que la
acongojaba. Pero yo no sentía su amigo, sólo era uno de tantos
que iba a pagar el gas.
El 15 de Abril fui de vuelta a pagar el gas, y a ver a Mariana. Pero estaba todo cerrado y un grupo de empleados que lloraban cerca de la puerta. No vi a Mariana. Me acerque a una señora y le pregunté que sucedía. “La chica esta Mariana, tan joven, que tristeza”. Ese día llovía mucho y yo sentía cada gota de lluvia como una palabra de Mariana, que me decía lo deprimida que
estaba.

27 sept. 2008

Sumule

La reunión estaba pautada para las seis. La gente parecía llegar tarde y Lucio Parada, el dueño de casa, ya estaba impaciente.
El primero en llegar fue el abogado Carlos Parada, primo de el ya nombrado, Lucio. Sergio Sandoval, el reconocido literato llegó cerca de las seis y cuarto. El último en hacerlo fue Darío Burckman, un personaje muy particular, y el único de los invitados que llegó realmente tarde.
Se sentaron en la mesa, o mejor dicho en las sillas. La mesa ya estaba perfectamente dispuesta. Una tetera antigua, cuatro tasas (con sus respectivos platos debajo), una azucarera y una panera que contenía una variedad de galletas caseras.
Luego de pedirles que se sienten, Lucio se dirigió a sus invitados de la siguiente manera:
- Por favor, hablemos de algo.
Los tres invitados se quedaron callados, hasta que al fin Carlos Parada (sintió algo de obligación ya que era el invitado más conocido por Lucio) dijo:
- ¿Es cierto Sergio que su nuevo libro llevará el nombre de su primer hijo?
- Claro - respondió el escritor, al tiempo que bebía su primer sorvo de té.
- Lo que demuestra que usted es una persona dedicada a sus hijos - exclamó sin conocimiento de causa, Lucio Parada.
- Evidentemente - agregó Darío Burckman, que pidió a Lucio que le alcanze la panera.
Luego de esta charla, siguieron conversaciones banales acerca de la profesión de cada uno de los invitados. Como nadie sabía a que dedicaba su vida Darío Burckman, Lucio Parada tomó valor y se lo preguntó.
- Sabía que llegaría este momento y espero que no se sientan de algún modo, ofendidos. Yo trafico africanos.
Los tres se quedaron completamente inmóviles. Sin decir palabra alguna.
- Claro, fijensé bien la diferencia; Lucio Parada es ingeniero en petróleo si no me equivoco, es decir, que su trabajo consiste en estudiar la forma de que los países tercermundistas se empobrezcan más de lo que hoy lo están; Carlos Parada es abogado, y con decir eso ya basta, por algo tienen tan variados apodos; por el lado de Sergio Sandoval es escritor. Nosotros creemos que es bueno, pero no, saben que no. Este señor es el punto máximo de la prostitución intelectual, pero yo no lo critíco, es su trabajo; por eso pediré que no critiquen el mío.
Luego de un silencio de varios segundos Lucio tomó la palabra:
- No por favor señor Burckman. No vinímos aquí para criticarnos, solamente a pasar un momento agradable. Además, yo no estoy en desacuerdo con el tráfico de personas, de hecho, tengo un somalí aquí en casa.
Todos esperaron para reírse. Cuando el mismo Darío Burckman lo hiso, todos lo acompañaron. Luego todos empezaron a hacer chistes sobre la extraña profesión del señor Burckman, chistes que, el traficante festejaba.
Cuando terminaron su té, el señor Sandoval se paró para juntar las tasas. Pero fue interrumpido por Lucio Parada que le aseguró que un enano somalí vendría a retirarlas.
- Además me encanta la sobremesa - dijo Lucio Parada.
Todos reíron mucho con este chiste. Y a partir de allí el tiempo pasó junto con chistes que se referían al supuesto enano somalí que tenía el señor Parada.
Pasados quince minutos Lucio Parada retiró de su saco una diminuta campanita que hiso sonar dos veces. Darío Burckman rió a carcajadas y dijo, entre risas:
- Tiene usted señor Parada un excelente sentido del humor es realmente brillante.
Pero Lucio no rió. Al contrario frunció su entrecejo, hiso sonar su campanita dos veces más.
- Siempre tarda este Sumule.
La puerta que daba a la cocina se abrió. Un enano salió de allí y en un castellano defectuoso pidió disculpas por la tardanza. Todos se quedaron atónitos. Más aún, Darío Burckman, que reconoció a aquel somalí.

25 ago. 2008

Un año más de estrella

Y a pesar de que las estrellas son inmortales, sentimos que hoy hay una que cumple un año más. Y aunque esa estrella no pueda festejarlo aquí, con nosotros, vamos a mirar al cielo, y ella sonreirá. Nosotros también levantaremos una sonrisa algo tibia, porque deseamos que esa estrella esté con nosotros. Brindando juntos, por su nuevo año. Pero como nuestro caparazón es muy fuerte, esto no nos tirará a un pozo. Estaremos parados, mirándola, agradeciéndole y glorificándola. Porque sólo la gloria le cabe a ella. Gloriosa fue y gloriosa es. Y gloriosa brilla. Gracias por todo, estrella.

23 de agosto

Recuerdo (y no me es difícil hacerlo por lo que diré cuando cierre el paréntesis) que hoy pasé un momento bastante grato. Esos momentos que pueden ser calificados como “satisfactorios”. Y la casualidad no me lleva a decir esto, por el contrario, es satisfactorio por que no tuvo absolutamente nada de malo, es decir que de algún modo fue perfecto. Una perfección que sólo alcanzan pocos momentos. Pero en el momento que suceden (y que uno es consciente de que suceden en ciertas ocasiones) uno se siente demasiado armado, demasiado grande. Ve agradables ciertas cosas que en otro momento, es decir antes y después de ese momento “satisfactorio”, no las quisiéramos ni siquiera ver, ya que nos parecen apestosas. La simpleza de estar con gente buena (aunque no es tan simple) puede ser tan confortante. Tan relajante que nos olvidamos del pasado y del futuro, sólo cuenta el presente, ese momento “satisfactorio”.

21 ago. 2008

Árboles sin nombre, casas desaparecidas y personas adultas

Cuando llegué a casa el 12 de abril miré para el árbol y me di cuenta de que allí ya no estaba mi casa. Mi casa del árbol. Entré gritando y le pregunté a mamá si sabía algo. Ella me dijo que hablara con papá. Fui al living, y allí estaba mi papá. Estaba leyendo el diario del día anterior. Le pregunté sobre mi casa del árbol, pero me dijo que no sabía “absolutamente” nada. Yo me quedé allí parado mirándolo fijo. Él, leía el diario que ya no contenía noticias, porque era del día anterior. Cada unos segundos miraba de reojo para ver si yo seguía allí parado. Estuve seis minutos.
Hasta que por fin confeso: “¿Por qué no lo hacen en la casa de un amigo tuyo?¿Por qué tiene que ser en “esta” casa?”.
Un dolor inmenso me cubrió todo el pecho y me fui llorando para mi cuarto. Tenía 11 años y aquello que me habían hecho era cruel y para mí, incomprensible. Fue uno de esos hechos que nunca se pueden llegar a olvidar.
Desde mi ventana no pude quitar la vista del árbol, y de lo incompleto que estaba (el nombre del árbol no se cual es, lo supe un tiempo, pero años después el deterioro de mi alma y mi cerebro hicieron que lo olvidara).
Esa casa, la del árbol que no recuerdo el nombre, era una especie de segunda casa, o un segundo cuarto. Lo único certero es que “era” porque ya me la habían destruido. Y nada menos que mi papá. Tampoco mi mamá escapaba de culpas, porque ella era la cómplice. Tan cobarde como el culpable.
La cena fue incómoda porque yo no hablaba con ninguna de las dos personas que estaban allí. Ellas dos, en cambio, hablaban de lo agradable que había sido su día, ignorando que me habían quitado una parte de mi infancia.
Algún sentimiento parecido a la culpa invadió a papá, y me dijo: “No te podés poner así, era sólo una casa, y aparte era fea y le daba mal aspecto a la casa”. Yo no le respondí.
Cuando me fui a dormir, la cómplice del terrible hecho, mi mamá, entró a mi cuarto a jurarme que ella no había tenido responsabilidad alguna en el asunto. Tampoco le respondí.
Entonces la noche fue muy triste porque cada cierto tiempo me acordaba de las palabras que papá me había dicho en la mesa. Aquella fue la primera vez que realmente sentí el sabor desagradable de la traición.
Sentía unas inmensas ganas de vengarme. Pero por más niño que era, creía que aquello era imitar la conducta de una persona tan intolerante e incomprensible como lo era el culpable de que mi casa no estuviera en ese árbol del cual no recuerdo el nombre. Y que aún está en ese árbol, aunque ya no sea mío.
Ya tengo más de 25 años, pero todavía no puedo borrar aquel recuerdo. El recuerdo del 12 de abril, cuando, y es algo que sobrepasa lo material, sentí lo crueles que pueden ser las perronas.