23 nov 2008
La chica del gas
necesario para no parecer antipática. Le preguntaba y le
preguntaba. “Sí”, “no”, respondía. Mariana era la chica más bella
de las chicas del mundo. Siempre la veía allí, cuando iba a pagar
el gas, los 15 de cada mes. Ella sólo me decía lo que tenía que
pagar. Nada más. Supe su nombre por que el cartel que colgaba
de su pecho izquierdo me lo indicaba. Mariana no estaba con
nadie. Mariana no hablaba con nadie.
El 15 de Agosto pagué una cuenta más de gas, y vi, una vez más,
a Mariana. Su rostro no era el mismo. Aquella mañana ella fue la
que empezó a hablarme. Salí tan contento que hubiese deseado
pagar las cuentas de gas de todo el mundo. Pero tenía que esperar
dos meses, por una nueva cuenta.
Allí estaba, el 15 de Octubre. Y volvimos a hablar. Y me empezó
a contar. “Mi vida es un fiasco” me dijo casi lagrimeando. Me
decía que estaba sola y deprimida. Yo sentía tantas ganas de
abrazarla, que no me importaba romper el grueso vidrio que nos
separaba.
En nuestros sucesivos encuentros me reiteraba la depresión que la
acongojaba. Pero yo no sentía su amigo, sólo era uno de tantos
que iba a pagar el gas.
El 15 de Abril fui de vuelta a pagar el gas, y a ver a Mariana. Pero estaba todo cerrado y un grupo de empleados que lloraban cerca de la puerta. No vi a Mariana. Me acerque a una señora y le pregunté que sucedía. “La chica esta Mariana, tan joven, que tristeza”. Ese día llovía mucho y yo sentía cada gota de lluvia como una palabra de Mariana, que me decía lo deprimida que
estaba.
27 sept 2008
Sumule
El primero en llegar fue el abogado Carlos Parada, primo de el ya nombrado, Lucio. Sergio Sandoval, el reconocido literato llegó cerca de las seis y cuarto. El último en hacerlo fue Darío Burckman, un personaje muy particular, y el único de los invitados que llegó realmente tarde.
Se sentaron en la mesa, o mejor dicho en las sillas. La mesa ya estaba perfectamente dispuesta. Una tetera antigua, cuatro tasas (con sus respectivos platos debajo), una azucarera y una panera que contenía una variedad de galletas caseras.
Luego de pedirles que se sienten, Lucio se dirigió a sus invitados de la siguiente manera:
- Por favor, hablemos de algo.
Los tres invitados se quedaron callados, hasta que al fin Carlos Parada (sintió algo de obligación ya que era el invitado más conocido por Lucio) dijo:
- ¿Es cierto Sergio que su nuevo libro llevará el nombre de su primer hijo?
- Claro - respondió el escritor, al tiempo que bebía su primer sorvo de té.
- Lo que demuestra que usted es una persona dedicada a sus hijos - exclamó sin conocimiento de causa, Lucio Parada.
- Evidentemente - agregó Darío Burckman, que pidió a Lucio que le alcanze la panera.
Luego de esta charla, siguieron conversaciones banales acerca de la profesión de cada uno de los invitados. Como nadie sabía a que dedicaba su vida Darío Burckman, Lucio Parada tomó valor y se lo preguntó.
- Sabía que llegaría este momento y espero que no se sientan de algún modo, ofendidos. Yo trafico africanos.
Los tres se quedaron completamente inmóviles. Sin decir palabra alguna.
- Claro, fijensé bien la diferencia; Lucio Parada es ingeniero en petróleo si no me equivoco, es decir, que su trabajo consiste en estudiar la forma de que los países tercermundistas se empobrezcan más de lo que hoy lo están; Carlos Parada es abogado, y con decir eso ya basta, por algo tienen tan variados apodos; por el lado de Sergio Sandoval es escritor. Nosotros creemos que es bueno, pero no, saben que no. Este señor es el punto máximo de la prostitución intelectual, pero yo no lo critíco, es su trabajo; por eso pediré que no critiquen el mío.
Luego de un silencio de varios segundos Lucio tomó la palabra:
- No por favor señor Burckman. No vinímos aquí para criticarnos, solamente a pasar un momento agradable. Además, yo no estoy en desacuerdo con el tráfico de personas, de hecho, tengo un somalí aquí en casa.
Todos esperaron para reírse. Cuando el mismo Darío Burckman lo hiso, todos lo acompañaron. Luego todos empezaron a hacer chistes sobre la extraña profesión del señor Burckman, chistes que, el traficante festejaba.
Cuando terminaron su té, el señor Sandoval se paró para juntar las tasas. Pero fue interrumpido por Lucio Parada que le aseguró que un enano somalí vendría a retirarlas.
- Además me encanta la sobremesa - dijo Lucio Parada.
Todos reíron mucho con este chiste. Y a partir de allí el tiempo pasó junto con chistes que se referían al supuesto enano somalí que tenía el señor Parada.
Pasados quince minutos Lucio Parada retiró de su saco una diminuta campanita que hiso sonar dos veces. Darío Burckman rió a carcajadas y dijo, entre risas:
- Tiene usted señor Parada un excelente sentido del humor es realmente brillante.
Pero Lucio no rió. Al contrario frunció su entrecejo, hiso sonar su campanita dos veces más.
- Siempre tarda este Sumule.
La puerta que daba a la cocina se abrió. Un enano salió de allí y en un castellano defectuoso pidió disculpas por la tardanza. Todos se quedaron atónitos. Más aún, Darío Burckman, que reconoció a aquel somalí.
25 ago 2008
Un año más de estrella
Y a pesar de que las estrellas son inmortales, sentimos que hoy hay una que cumple un año más. Y aunque esa estrella no pueda festejarlo aquí, con nosotros, vamos a mirar al cielo, y ella sonreirá. Nosotros también levantaremos una sonrisa algo tibia, porque deseamos que esa estrella esté con nosotros. Brindando juntos, por su nuevo año. Pero como nuestro caparazón es muy fuerte, esto no nos tirará a un pozo. Estaremos parados, mirándola, agradeciéndole y glorificándola. Porque sólo la gloria le cabe a ella. Gloriosa fue y gloriosa es. Y gloriosa brilla. Gracias por todo, estrella.
23 de agosto
Recuerdo (y no me es difícil hacerlo por lo que diré cuando cierre el paréntesis) que hoy pasé un momento bastante grato. Esos momentos que pueden ser calificados como “satisfactorios”. Y la casualidad no me lleva a decir esto, por el contrario, es satisfactorio por que no tuvo absolutamente nada de malo, es decir que de algún modo fue perfecto. Una perfección que sólo alcanzan pocos momentos. Pero en el momento que suceden (y que uno es consciente de que suceden en ciertas ocasiones) uno se siente demasiado armado, demasiado grande. Ve agradables ciertas cosas que en otro momento, es decir antes y después de ese momento “satisfactorio”, no las quisiéramos ni siquiera ver, ya que nos parecen apestosas. La simpleza de estar con gente buena (aunque no es tan simple) puede ser tan confortante. Tan relajante que nos olvidamos del pasado y del futuro, sólo cuenta el presente, ese momento “satisfactorio”.
21 ago 2008
Árboles sin nombre, casas desaparecidas y personas adultas
Hasta que por fin confeso: “¿Por qué no lo hacen en la casa de un amigo tuyo?¿Por qué tiene que ser en “esta” casa?”.
Un dolor inmenso me cubrió todo el pecho y me fui llorando para mi cuarto. Tenía 11 años y aquello que me habían hecho era cruel y para mí, incomprensible. Fue uno de esos hechos que nunca se pueden llegar a olvidar.
Desde mi ventana no pude quitar la vista del árbol, y de lo incompleto que estaba (el nombre del árbol no se cual es, lo supe un tiempo, pero años después el deterioro de mi alma y mi cerebro hicieron que lo olvidara).
Esa casa, la del árbol que no recuerdo el nombre, era una especie de segunda casa, o un segundo cuarto. Lo único certero es que “era” porque ya me la habían destruido. Y nada menos que mi papá. Tampoco mi mamá escapaba de culpas, porque ella era la cómplice. Tan cobarde como el culpable.
La cena fue incómoda porque yo no hablaba con ninguna de las dos personas que estaban allí. Ellas dos, en cambio, hablaban de lo agradable que había sido su día, ignorando que me habían quitado una parte de mi infancia.
Algún sentimiento parecido a la culpa invadió a papá, y me dijo: “No te podés poner así, era sólo una casa, y aparte era fea y le daba mal aspecto a la casa”. Yo no le respondí.
Cuando me fui a dormir, la cómplice del terrible hecho, mi mamá, entró a mi cuarto a jurarme que ella no había tenido responsabilidad alguna en el asunto. Tampoco le respondí.
Entonces la noche fue muy triste porque cada cierto tiempo me acordaba de las palabras que papá me había dicho en la mesa. Aquella fue la primera vez que realmente sentí el sabor desagradable de la traición.
Sentía unas inmensas ganas de vengarme. Pero por más niño que era, creía que aquello era imitar la conducta de una persona tan intolerante e incomprensible como lo era el culpable de que mi casa no estuviera en ese árbol del cual no recuerdo el nombre. Y que aún está en ese árbol, aunque ya no sea mío.
Ya tengo más de 25 años, pero todavía no puedo borrar aquel recuerdo. El recuerdo del 12 de abril, cuando, y es algo que sobrepasa lo material, sentí lo crueles que pueden ser las perronas.
DIMINUTO ENSAYO ACERCA DE CUANDO LAS VACACIONES LES AGRADABAN A “LOS MUCHACHOS”
Hoy saludar a la despedida suena extraño. Pero “los muchachos” saben lo que hacen. Y hacen lo que quieren.
“Los muchachos” marcharon. Pero dejaron acá un recuerdo demasiado nítido, que rondará la cabeza por largo tiempo. O quizá dure para siempre. Un recuerdo demasiado agradable para pertenecer a lo que se denomina “realidad”.
“Rock And Roll vacacional” sería una buena designación de lo acontecido, a pesar de que este momento se archivará en imágenes. Esas claras imágenes de la sonrisa. Esa sonrisa que desplegamos con un entusiasmo indescriptible. La sonrisa de ellos, de “los muchachos”.
- Hasta luego y buena suerte – dijimos, no sin sentirlo.
Sí señores, si “muchachos”. Cuando empecemos a acordarnos de estos momentos tan confortables que vivimos, será tarde, porque ya estaremos juntos otra vez. Para volver a honrar al tesoro más preciado que tiene el ser humano.
Amistad a distancia
de: Mariano Ortíz
Para: Pablo Alegre
Querido Pablo:
Me decido a escribirte porque ya hace un tiempo que no lo hago. Espero que allá en Tucumán hallas conocido algo de buena gente. ¿Cómo marcha tu trabajo de investigación? Como sabés, no soy muy fino para lo académico, pero realmente espero que aquello, vaya bien. Por acá todo sigue igual. Lo que queda de los amigos que fueron en un tiempo es realmente escaso. Jorge también decidió emigrar, pero a Uruguay. Dice que allá estará mejor, aunque yo creo que la única razón por la cual se va, es por esa uruguaya manipuladora. En fin, es su vida. Matias se va a casar. Creo que el no iba a avisarte, así que decidí hacerlo yo mismo. Por mi parte te cuento que el viejo de la concesionaria está algo más gentil que antes. Igual, no confió en esa clase de gente.Esperando tu respuesta, te dejo un fuerte abrazo.Te quiere, Mariano.
P:D: ¿Cuando podrás mandarme la cámara?
29 de agosto de 2004
de: Pablo Alegre
Para: Mariano Ortíz
Querido Mariano:
Que agradable fue recibir una carta tuya, y más que haya sido una carta, es algo menos frío que un mail. Por acá todo está muy bien, la gente deja tratarse, y se prestan para el trabajo que deseamos realizar. Realmente es gente muy tolerante y respetan mucho la diversidad (aunque como vos aclarás, no sos muy fino para lo académico, pero estos términos estoy seguro que los comprenderás). La verdad es que estamos realmente contentos con el trabajo. Jorge y Matias estarán bien, lo sé. Que bueno que hayas entablado una relación más amistosa con el viejo, te hará bien para tu trabajo. Amigo, sin nada más que contar me despido, un abrazo.
P:D: La cámara la estoy usando, pero te la mando en breve.
7 de Setiembre de 2004
de: Mariano Ortíz
para: Pablo Alegre
Pablo:
Saber que estás vivo ya me deja cierta tranquilidad, la verdad es que tener una respuesta tuya tan pronto me deja bastante quieto. Acabo de renunciar en la concesionaria. Realmente el viejo es un hipócrita, y no tengo más ganas de verle la cara. Me alegra que tu trabajo vaya bien, creo que era lo esperable. Jorge ya se fue, hoy a la tarde, y Matias está preparando todo para la "gran fiesta". En cuanto a la cámara me gustaría tenerla en octubre, si puede ser.
Mucha Suerte
23 de Setiembre de 2004
de: Pablo Alegre
para: Mariano Ortíz
Marian:
Me sorprendió realmente mucho la noticia de tu renuncia, pero bueno, si no querés soportar cierta hipocrecia, está bien lo que hiciste. Así que ya se marchó Jorge, quizá le escriba en estos días. Podrías pasarme su dirección. En cuanto a la cámara, me gustaría tenerla un tiempo más, cuando la desocupe te aviso. Mi trabajo sigue bien, aunque ya las ganas no son las mismas, este es un pueblo muy chico, y la gente creo que ya se harta de nosotros. Espero que esto mejore.
Hasta pronto.
Pablo
30 de Setiembre de 2004
de: Mariano Ortiz
para: Pablo Alegre
Pablo:
Mañana ya estaremos en Octubre, y creo que mi cámara no va a llegar. Realmente espero que lo haga pronto, y que vos cumplás con tu palabra de mandarla. La dirección de Jorge aún no la tengo, en cuanto la tenga te la mando. Por favor, apuráte con la cámara que la necesito urgente.
Mariano.
19 de octubre de 2004
de: Pablo Alegre
para: Mariano Ortiz
Mariano:
Sabes que acá no sé si hay muchos lugares que manden encomiendas, además de que son caros. La verdad es que si querés entenderlo bien, y si no también. En cuanto la tengas manda la dirección de Jorge.
Pablo
25 de octubre de 2004
de: Mariano Ortiz
para: Pablo Alegre
Pablo Alegre:No esperaba tanta hipocresia y mentira en vos, ya que me dijiste que te llevabas la cámara por un tiempo, ese tiempo ya pasó y no veo la camara, no me gustaría calificarte como un rufián y menos tener que ir a Tucumán a buscar una cámara. No seas así y mandamela !YA!.
Mariano Ortiz
11 de noviembre de 2004
de: Pablo Alegre
para: Mariano Ortiz
Sr. Mariano Ortiz:
Mirá loco, ya te lo dije, mandar la cámara sale un huevo y la mitad del otro, así que cuando vaya para Buenos Aires te la doy, y si querés venir a Tucumán a buscarla hacelo, yo no me muevo. Estoy cansado de tus caprichos, no entendés que la plata es para la investigación, ¿no?
16 de noviembre de 2004
de: Mariano Ortiz
para: Pablo Alegre
Sr. Pablo Alegre (si es que se te puede decir señor):
Sos un desgraciado y un embustero. Eso me pasa por confiar en gente en la que no tendría que haber confiado, sos un maldito de verdad. Te aseguro que voy a buscar la cámara tengo pasaje para el 20 de noviembre, esperáme ahí no seas tan cagón.
18 de noviembre de 2004
de: Pablo Alegre
para: Mariano Ortiz
Reverendo Estúpido:
La verdad es que me apure a escribirte, para que no vengas a Tucumán sin una respuesta. Acá te voy a estar esperando pedazo de gil, espero verte y ver si podés conseguir la cámara. Sos un maldito materialista y un resentido, porque si yo no hubiese estado con tu hermana no me harías este quilombo.
Vení, acá te espero
Mariano llegó a Tucumán el 21 de noviembre de 2004. Allí lo esperaba Pablo, en la terminal. Estaba con la cámara de Mariano en la mano, y cuando se vieron, Pablo sólo le dió la cámara. No se saludaron, y no se vieron nunca más. Mariano supo de Pablo 20 años después cuando este se hiso famoso con el trabajo que había realizado en Tucumán. Mariano se enfureció, pero al instante pensó "Sin mi cámara no hubiese hecho nada".