21 ago 2008

DIMINUTO ENSAYO ACERCA DE CUANDO LAS VACACIONES LES AGRADABAN A “LOS MUCHACHOS”

Este momento parecía tan lejano cuando “los muchachos” llegaban y empezábamos a honrar a la amistad. A festejar un reencuentro. Uno más. Pero, siempre, único.
Hoy saludar a la despedida suena extraño. Pero “los muchachos” saben lo que hacen. Y hacen lo que quieren.
“Los muchachos” marcharon. Pero dejaron acá un recuerdo demasiado nítido, que rondará la cabeza por largo tiempo. O quizá dure para siempre. Un recuerdo demasiado agradable para pertenecer a lo que se denomina “realidad”.
“Rock And Roll vacacional” sería una buena designación de lo acontecido, a pesar de que este momento se archivará en imágenes. Esas claras imágenes de la sonrisa. Esa sonrisa que desplegamos con un entusiasmo indescriptible. La sonrisa de ellos, de “los muchachos”.
- Hasta luego y buena suerte – dijimos, no sin sentirlo.
Sí señores, si “muchachos”. Cuando empecemos a acordarnos de estos momentos tan confortables que vivimos, será tarde, porque ya estaremos juntos otra vez. Para volver a honrar al tesoro más preciado que tiene el ser humano.

Amistad a distancia

17 de agosto de 2004
de: Mariano Ortíz
Para: Pablo Alegre

Querido Pablo:
Me decido a escribirte porque ya hace un tiempo que no lo hago. Espero que allá en Tucumán hallas conocido algo de buena gente. ¿Cómo marcha tu trabajo de investigación? Como sabés, no soy muy fino para lo académico, pero realmente espero que aquello, vaya bien. Por acá todo sigue igual. Lo que queda de los amigos que fueron en un tiempo es realmente escaso. Jorge también decidió emigrar, pero a Uruguay. Dice que allá estará mejor, aunque yo creo que la única razón por la cual se va, es por esa uruguaya manipuladora. En fin, es su vida. Matias se va a casar. Creo que el no iba a avisarte, así que decidí hacerlo yo mismo. Por mi parte te cuento que el viejo de la concesionaria está algo más gentil que antes. Igual, no confió en esa clase de gente.Esperando tu respuesta, te dejo un fuerte abrazo.Te quiere, Mariano.
P:D: ¿Cuando podrás mandarme la cámara?


29 de agosto de 2004
de: Pablo Alegre
Para: Mariano Ortíz

Querido Mariano:
Que agradable fue recibir una carta tuya, y más que haya sido una carta, es algo menos frío que un mail. Por acá todo está muy bien, la gente deja tratarse, y se prestan para el trabajo que deseamos realizar. Realmente es gente muy tolerante y respetan mucho la diversidad (aunque como vos aclarás, no sos muy fino para lo académico, pero estos términos estoy seguro que los comprenderás). La verdad es que estamos realmente contentos con el trabajo. Jorge y Matias estarán bien, lo sé. Que bueno que hayas entablado una relación más amistosa con el viejo, te hará bien para tu trabajo. Amigo, sin nada más que contar me despido, un abrazo.
P:D: La cámara la estoy usando, pero te la mando en breve.


7 de Setiembre de 2004
de: Mariano Ortíz
para: Pablo Alegre

Pablo:
Saber que estás vivo ya me deja cierta tranquilidad, la verdad es que tener una respuesta tuya tan pronto me deja bastante quieto. Acabo de renunciar en la concesionaria. Realmente el viejo es un hipócrita, y no tengo más ganas de verle la cara. Me alegra que tu trabajo vaya bien, creo que era lo esperable. Jorge ya se fue, hoy a la tarde, y Matias está preparando todo para la "gran fiesta". En cuanto a la cámara me gustaría tenerla en octubre, si puede ser.
Mucha Suerte


23 de Setiembre de 2004
de: Pablo Alegre
para: Mariano Ortíz

Marian:
Me sorprendió realmente mucho la noticia de tu renuncia, pero bueno, si no querés soportar cierta hipocrecia, está bien lo que hiciste. Así que ya se marchó Jorge, quizá le escriba en estos días. Podrías pasarme su dirección. En cuanto a la cámara, me gustaría tenerla un tiempo más, cuando la desocupe te aviso. Mi trabajo sigue bien, aunque ya las ganas no son las mismas, este es un pueblo muy chico, y la gente creo que ya se harta de nosotros. Espero que esto mejore.
Hasta pronto.
Pablo


30 de Setiembre de 2004
de: Mariano Ortiz
para: Pablo Alegre

Pablo:
Mañana ya estaremos en Octubre, y creo que mi cámara no va a llegar. Realmente espero que lo haga pronto, y que vos cumplás con tu palabra de mandarla. La dirección de Jorge aún no la tengo, en cuanto la tenga te la mando. Por favor, apuráte con la cámara que la necesito urgente.
Mariano.


19 de octubre de 2004
de: Pablo Alegre
para: Mariano Ortiz

Mariano:
Sabes que acá no sé si hay muchos lugares que manden encomiendas, además de que son caros. La verdad es que si querés entenderlo bien, y si no también. En cuanto la tengas manda la dirección de Jorge.
Pablo


25 de octubre de 2004
de: Mariano Ortiz
para: Pablo Alegre

Pablo Alegre:No esperaba tanta hipocresia y mentira en vos, ya que me dijiste que te llevabas la cámara por un tiempo, ese tiempo ya pasó y no veo la camara, no me gustaría calificarte como un rufián y menos tener que ir a Tucumán a buscar una cámara. No seas así y mandamela !YA!.
Mariano Ortiz


11 de noviembre de 2004
de: Pablo Alegre
para: Mariano Ortiz

Sr. Mariano Ortiz:
Mirá loco, ya te lo dije, mandar la cámara sale un huevo y la mitad del otro, así que cuando vaya para Buenos Aires te la doy, y si querés venir a Tucumán a buscarla hacelo, yo no me muevo. Estoy cansado de tus caprichos, no entendés que la plata es para la investigación, ¿no?


16 de noviembre de 2004
de: Mariano Ortiz
para: Pablo Alegre

Sr. Pablo Alegre (si es que se te puede decir señor):
Sos un desgraciado y un embustero. Eso me pasa por confiar en gente en la que no tendría que haber confiado, sos un maldito de verdad. Te aseguro que voy a buscar la cámara tengo pasaje para el 20 de noviembre, esperáme ahí no seas tan cagón.


18 de noviembre de 2004
de: Pablo Alegre
para: Mariano Ortiz

Reverendo Estúpido:
La verdad es que me apure a escribirte, para que no vengas a Tucumán sin una respuesta. Acá te voy a estar esperando pedazo de gil, espero verte y ver si podés conseguir la cámara. Sos un maldito materialista y un resentido, porque si yo no hubiese estado con tu hermana no me harías este quilombo.
Vení, acá te espero




Mariano llegó a Tucumán el 21 de noviembre de 2004. Allí lo esperaba Pablo, en la terminal. Estaba con la cámara de Mariano en la mano, y cuando se vieron, Pablo sólo le dió la cámara. No se saludaron, y no se vieron nunca más. Mariano supo de Pablo 20 años después cuando este se hiso famoso con el trabajo que había realizado en Tucumán. Mariano se enfureció, pero al instante pensó "Sin mi cámara no hubiese hecho nada".

12 ago 2008

Obseción Ocular

Cuando me di cuenta de mi terrible problema era demasiado tarde. Ya estaba enfermo. Y la enfermedad de la que hablo, era crónica. Soy consciente del momento en que todo comenzó. No es que haya sido un día puntual, porque, como todo, no sucede cuando recién retiramos la cabeza de la almohada.
Todo esto, digo mi problema, empezó en aquellos meses en los que trabajé en la Óptica "Amaral". Y parece ser decreto que todo aquel que tenga trabajo en una óptica deba llevar anteojos. Y esto es una norma que no contiene diferencias de sexo. Todos llevaban esos lentes. Todos. Los que entraban a consultar, los que iban para comprar con sus recetas, y los que trabajaban conmigo. Todos con esos anteojos provocadores que terminaron por volverme completamente enfermo. Y los que terminaron por llevarme a donde estoy ahora.
Aquella primera persona que en frente mío se paró y sentenció mi destino: Mariela. Una muchacha sencilla, sin grandes aspiraciones y con una vida, que según me relataba, era demasiado aburrida. Ella no impulsó nada, el culpable fui yo. Ella llevaba lentes. Hermosos y perfectos. Combinaban perfectamente con su cara. Eran de un marco delgado. Redonditos. Simplemente bellos.
Mariela nunca cedió ni un solo metro. Siempre me aseguraba que era una chica comprometida, y que no pensaba en nadie más que fuera Daniel, es decir su novio. El era un buen chico. Pero sinceramente, no era de mi agrado.
Recuerdo que por aquellos días me gustaba mucho Mariela. Era muy dulce, pero yo era respetuoso y decente, y no podía sobrepasarme con ella. Yo estaba convencido de que ella desperdiciaba su vida. Era una joven que deseaba trabajar para casarse, irse de luna de miel, volver, tener hijos, que ellos estudien, jubilarse y morir. Ella era inteligente, aunque claro, de algún modo no sabía usar su inteligencia.
Con el tiempo creo que fui enamorándome de ella. La veía demasiado linda, sincera y llevaba lentes. Sin embargo un día ella llegó a la óptica sin sus anteojos. Me dijo que se le habían roto. En ese preciso momento, en el que la vi sin sus anteojos, me pareció notar que estaba más fea. Era como que la falta de anteojos la había arruinado. Pensé en el consuelo que le dan a la persona que lleva vidrios delante de su cara: “Los lentes te quedan bien”. En ella se aplicaba de forma exagerada. Era hermosa con sus anteojos y muy fea sin ellos.
Esto no me asustó demasiado. Creía realmente que, aunque sea en una sola persona, se podía producirse aquel efecto.
Pero la cuestión se tornó aún más compleja. Una mañana estaba trabajando allí en la óptica. Y fue una cliente a buscar sus anteojos nuevos. Tenía sólo diecisiete años y se llamaba Josefina Morales. Recuerdo que entró. No era una linda muchacha realmente. Era petisa y no me llamaba la atención. Pero en un instante mi opinión cambió. Fue en el preciso momento en el que se colocó los anteojos. No sé porque, ni cómo, pero lo cierto es que con sus lentes, me parecía bellísima. Ella se fue obviamente. Yo no le dije nada. No podía hacerlo. Primero porque yo estaba trabajando y segundo porque yo tenía el doble de su edad.
Aquella ocasión me sentí algo confundido. ¿Cómo era posible que una muchacha que no me atraía sin lentes, haya causado terrible movimiento en mí, cuando se puso esos anteojos? Quizá era porque eran realmente muy lindos sus anteojos. Tenían un marco blanco y el cristal cuadrado. Me parecían realmente hermosos.
Estas dos situaciones traté de aislarlas. Habían sucedido porque dos mujeres eran más lindas con anteojos que sin ellos. Simplemente por eso.
Mariela seguía allí trabajando en la óptica conmigo, y sus lentes ya se habían arreglado. Y volvió a parecerme lo que me parecía antes: una muchacha perfecta. Yo nunca le insinué absolutamente nada. Y ella, delimitaba los territorios por donde yo podía moverme. Pero, algo tuvo que ocurrir.
Hubo una cena. Con todos los de la óptica. Yo vi a mucha gente que no conocía: Sofía, Raúl, Carlos y Mariana. Todos ellos trabajaban en otros turnos, por lo que no los había visto. Y todos ellos llevaban anteojos. Mariana tenía un delgadísimo marco y un vidrio redondo (se parecían mucho a los de Mariela) Era realmente hermosa. Sofía en cambio, llevaba lentes de contacto. No me atraía.
Luego de que la cena terminó le dije a Mariela si no quería que la acompañe a su casa. Cuando llegamos a su casa, ella me dijo que Daniel se había ido. Fue en ese momento que nuestra relación giro hacia la ruina. Fue algo realmente bello. Pasamos un lindo momento. Pero, sin embargo, aquella adorable ocasión marcó la ruptura de toda relación con ella.
Pidió que la cambien de turno. Nunca llegué a saber si era que le daba mucha vergüenza volver a verme o si yo la confundía. Lo cierto es que no volví a verla. Hasta luego de un tiempo. Como ella se cambió de turno, alguien tuvo que venir a trabajar conmigo. Esa persona fue Mariana. Ella, como dije, llevaba unos anteojos que se asemejaban bastante a los de Mariela. Pero Mariana, sin embargo, no se parecía en nada a Mariela. Era extrovertida, soltera…y llevaba lentes.
Con ella la pasábamos muy bien. No había ningún tipo de compromiso que nos uniera. Pero ella nunca llegó a comprender porque justos antes de tener sexo, yo le pedía por favor que se pusiera los anteojos. Realmente sin sus anteojos, algo no andaba bien.
Allí fue cuando realmente terminé de descubrir por completo mi problema. La gente era linda cuando llevaba lentes. Las chicas no llegaban a gustarme sin anteojos. No me producían nada sin esos cristales sostenidos por el marco en frente de su rostro.
Cuando me di cuenta no supe a quien acudir. Era vergonzoso contar mi problema, además de que yo no creía que fuera muy común. Mariana terminó por hartarse de mí.
- Estás enfermo, te tenés que hacer ver estúpido.
Sí, tenía razón sin duda. Creo que estaba a tiempo de salvarme. Quizá sí. O no. Quizá ya estaba sentenciado, y llevarme como aclaré, a donde estoy ahora.
El jefe me anticipó la noticia.
- ¿Vos te peleaste con Mariela? No quería venir a trabajar con vos.
- ¿Pero, vuelve o no? – contesté de forma grotesca.
- Sí, pero de verdad que no quería – me repitió.
- No sé porque… – eso dije, pero pensé “Gracias Dios”.
- Bueno. La convencí porque Mariana me dijo que si no la cambiaba, renunciaba. ¿Qué carajo estás haciendo?
Sabía que mi relación con Mariana no podía terminar mejor. La irrite simplemente.
El día que volví a ver a Mariela fue, en pocas palabras, como renacer. Volver a vivir. Sinceramente. Pero ella no me omitía palabra. No me contestaba el saludo. Ni siquiera eso. Optó por ignorarme. Estaba incómoda conmigo. Y estaba hermosa, como nunca.
Fue a la tercera semana de que volvimos a trabajar. Decidí hacerlo. Me estaba por volver loco de verla, y no poder hablarle. No me tomaba en cuenta. Para ella era un palo. Así de simple.
Un sábado robé dos cajas, llenas de anteojos. Fui hasta la casa de Mariela. Y entré a su casa. Sin que ella me viera. La rapté. En su casa. Pero fue un rapto. Ella ya no tenía a su novio, se había peleado con Daniel. Por eso volví a pensar si ella no quería ni siquiera hablar porque era vergonzosa, o porque yo le producía confusión. No lo voy a saber nunca tampoco.
El domingo no trabajábamos. El lunes no fuimos. Y fue aquel maldito 13 de Marzo, en el que el jefe decidió llamar a la policía. Un martes 13. Sí, las energías existen.
Así nos encontraron. Un raptor, y una raptada. El juicio se dio así, y con malos resultados para mí, obviamente. Esto se vuelve aún peor, ya que mi jefe tiene mucho dinero, y le dolió mucho que yo le haya robado dos cajas de anteojos. Lo de Mariela no se si le habrá interesado.
Mariela relataba llorando lo que yo le obligaba a hacer. Ponerse par por par, todos los anteojos de la caja. Y cuando terminaba, volvía a empezar. No le toqué un solo pelo en los días que le cortaba toda su libertad. Fueron daños psicológicos, me explicó el abogado que me puso el Estado.
Su explicación, no me sirvió, ni me sirve. A mí hoy, me han cortado esa libertad, que yo le saqué a Mariela por tres días. La jueza se reía cuando escuchaba el testimonio de Mariela. Cuando ella contaba lo que yo quería que haga. La jueza se llamaba Karina Alegre. Me pareció irrespetuoso reírse de Mariela. Pero cuando fue a leer el veredicto, se puso unos anteojos tan perfectos, que ignoré su falta de respeto.

24 jun 2008

Sobre la tristeza que no conocemos

Lo malo no es estar triste. Es un sentimiento más. Uno de los tantos. Lo feo es no saber porque uno está triste. Cualquiera sea el motivo, es mejor saberlo. Genera hasta una cierta conformidad en uno.
- Estoy triste por X.
Eso da más tranquilidad que preguntarse
- ¿Por qué estoy triste?
O peor aún, estar lo suficientemente triste como para no poder llegar a hacerse esa pregunta. Eso es igual a la ruina. Uno está triste y punto. La cabeza está tan bloqueada que sólo piensa en llorar. Ni siquiera se sabe porque se llora. Pero se llora. Ríos, lagos, mares. Se llora hasta el hartazgo. Sin saber porque. Entonces, no se tiene una respuesta, porque aún no se ha generado la pregunta. El único y bendito remedio es ver a un conocido y que este diga
- ¿Estás triste?, ¿Por qué?Allí se produciría el efecto que se desea. Pero se volvería al estado de estar triste y no saber porque. Que, como he dicho, es el peor estado de todos. Así como todos los caminos conducen a la nada, todos los estados de tristeza conducen a tal tristeza, que uno termina por olvidar aquella situación que a uno lo tiene triste. Puta incertidumbre.

Sobre la felicidad que no conocíamos

La carencia que circulaba por estos lugares iba en aumento. La creciente demanda de felicidad que todavía no podíamos cubrir. Y por el panorama que estábamos viendo desde aquí, no vendría durante un largo tiempo. Es que nadie por aquí podía darnos una clara definición de lo que era la felicidad.
- Es como reír – dijo un simplista.
- No, no. Es un estado del alma en el cual esta se siente completamente satisfecha por las realizaciones que llevamos a cabo en nuestra vida – aportó otro, al que no terminé de comprenderle.
Entonces quedamos debatiendo horas y horas, a ver si alguno de nosotros lograba acercarse al concepto que queríamos definir. Luego de dos horas, algunos se fueron. Ellos se fueron, pero la felicidad no llegaba aún.
- Es que mañana laburo – se excusaban estos que se fueron
Entonces, quedábamos algunos pocos. Esperando y debatiendo. La espera parecía no tener fin. El debate tampoco.
- ¿Si lo dejamos para otro día? – preguntó uno de nosotros.
Ninguno pudo contestar. Quizá ya no queríamos saber de que se trataba aquel concepto. En un momento éramos sólo tres. Sólo tres. Nada más, ni nada menos.
- Me van a disculpar, pero el sueño me está matando – nos mintió el tercero que quedaba.
- Sí, la verdad que yo también, estoy muerto – agregó mi última esperanza de discusión.
¿Cómo era posible que me dejaran solo con semejante problema? ¿Cómo podían, gente que yo apreciaba y compartía, hacerme esto?
Yo por mi parte, no iba a rendirme. Y alguna luz se prendió en mí. Pensé y pensé por algunas horas que aquellos momentos en los que estaba con toda esa gente debatiendo no habían estado mal. Gente que yo conocía y apreciaba. Me convencí de que no habían sido momentos tan desagradables. Es más, habían estado realmente lindos. Y allí sucedió.
- Eureka – dije en el momento en el que mi debate interior concluía.
Aquellos, pequeñísimos momentos en los que estuve con esa, mi gente, habían sido felices. Pero todo volvía a ser tan triste cuando me di cuenta de que la felicidad es tan momentánea y se va tan rápidamente que ni siquiera nos percatamos cuando se haya aquí, junto a nosotros.

4 jun 2008

Tu grito

No dudes en gritarme si es necesario y te hará bien. Pero sólo te pediré una cosa: cuando lo hagas, hazlo lo suficientemente fuerte, para que tu voz no entre por uno de mis oídos para poder irse inmediatamente por el otro. Quiero que tu lamento quede resonando en mi interior y que cada vez que me acuerde de ti (que según mis estadísticas son más de 100 veces por día) piense en aquella vez que tuviste valor para decirme simplemente “Me cago en vos”. Prometo razonar palabra por palabra. Aislaré cada una de ellas y pensaré porque la escogiste.
Tendré que prepararme para aquel día, que llegará, yo sé que llegará, lo presiento. Será tu grito y el de nadie más. Y el de nadie menos. Nadie menos que tú, la persona que significa en, y mi vida. La gente que interesa, la que vale más de esta puta lapicera y este roñoso papel que circula por mis manos. Que pensándolo bien podría cambiarlo, no vaya a pasar que cuando te quiera leer estas palabras idiotas y sin sentido, el papel este tan marrón que ni siquiera sea legible. Porque perder un escrito resultaría demoledor. Pero claro, no más que tu grito, el grito, que llegará. Yo sé que llegará.

Para matarte

Y en la puta tristeza me hallo sumergido
Agujero que no logro tapar
El maldito pensamiento que no puedo aflojar
Que recuerda una y otra vez
Aquella cosa que causa mi desánimo
Aquella pena que retumba
La angustia que no cesa
El sentimiento que me mantiene derribado
Que no deja que me mantenga en pose
Para enfrentarlo, para matarlo
Para que de alguna forma se vaya
Lejos, bien lejos
Si yo no lo llamé
Vino, no tocó la puerta y entró
Se puso enfrente
Y eso, fue suficiente
Para que hoy me envuelva
Para que marchite mis sentidos
Y me haga inmóvil